Marcos Serrano

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EL OBSERVADOR

La busco todas las mañanas a las 8 en el hall del edificio de oficinas, entre cientos de empleados. La espero a las 10 en la máquina de café. La busco a las 12 en el comedor del edificio. La espero a las 2 en la máquina de café. La veo marchar todas las tardes a las 4 por el hall del edificio, entre cientos de empleados.

Muchas veces mientras ella está en su puesto de trabajo en el Departamento De Seguridad Informática, yo la observo desde el pasillo durante largos periodos de tiempo sin que me vea. Me deleito de la línea de su rostro, las facciones de su cara, el perfil de su nariz, la belleza de sus ojos, la curva de sus pómulos, la carnosidad de sus labios…

Mis continuadas distracciones en el trabajo me hacen recibir amonestaciones de mis superiores, y provoca que ella venga a verme constantemente a mi frío despacho; me gusta verla sentada frente a mí mientras intenta corregir mi actitud. Una mañana de domingo vino a verme a la fría sala muy alegre y contenta, bajo su brazo portaba una caja en la que se podía leer “nuevo sistema de reconocimiento facial avanzado” ; se sentó delante de mí y comenzó a desinstalarme.