Marcos Serrano

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CORRER

Correr de un lado a otro, agazapado, sin hacer ruido, intentando que no me vean, que no me huelan, que no me oigan, que no sientan mi presencia, que no detecten mi rastro. Tratando de mimetizarme con el entorno, para ser invisible, como el aire...

Pero a veces no se consigue, y cuando me ven, la gente me increpa, me insulta, me lanzan patadas y objetos, y yo corro, corro con todas mis fuerzas, corro hasta la extenuación, corro con el alma rota por el rechazo, corro con los ojos llenos de lágrimas por el maltrato, corro hasta que mis huesos quiebran y mis músculos se rasgan, corro hacia la oscuridad que me vio nacer y en la que me siento seguro porque es mi casa, mi hogar. En la calidez de la oscuridad coqueteo con el ensueño de ser aire, para que el sol me abrace, para estar sin presencia, ver sin ser visto, abrazar sin rechazo, acariciar la piel desnuda, anidar en tus cabellos, y besar tus labios...

Pero el estruendo de las cañerías me despierta del ensueño, del deseo, de la idílica fantasía, y me lleva de nuevo a la realidad. Nadie desea a las ratas y menos a una rata eléctrica como yo.